La institución jurídica de la representación, que tiene su origen en el derecho civil, conoce en nuestro ordenamiento dos variantes: la representación legal, también llamada necesaria, y la representación voluntaria. Podemos definir la primera como la facultad conferida por la ley de actuar y decidir en interés o en nombre y por cuenta de otro, y la segunda como la facultad conferida a través de un negocio jurídico de actuar y decidir en interés o en nombre y por cuenta de otro. La clave de su diferenciación radica por tanto en el origen de la facultad de representar. El negocio jurídico que da origen a la representación voluntaria es el llamado apoderamiento. La regulación de la representación puede hallarse, aunque de forma algo dispersa y desordenada, en los articulados del Código Civil y, en relación con los comerciantes, del Código de Comercio.

Por su lado, la noción de representación orgánica es propia de la regulación societaria y es descartada por jurisprudencia y doctrina como un tipo de representación en el sentido civil del término. Veamos por qué y qué consecuencias prácticas tiene esta distinción en el seno social…

Continue reading